Ayer, 1 de septiembre, millones de alumnos franceses regresaron a las aulas en un inicio de ciclo lectivo atravesado por una fuerte polémica política y social: el intento fallido del gobierno de Emmanuel Macron para prohibir el uso de redes sociales a los menores de 15 años.
La iniciativa, que se había convertido en una de las principales apuestas del mandatario para el tramo final de su gestión, sufrió un freno definitivo por parte del Consejo Constitucional. Los magistrados consideraron que la medida vulnera tanto la libertad de expresión y comunicación de los menores como su derecho a la vida privada. Tras el revés, el presidente le encomendó a su primer ministro, Sébastien Lecornu, la redacción de un nuevo proyecto con mayor sustento legal.
La voz de los jóvenes: entre el refugio y el riesgo
Del otro lado de la pantalla, la medida generaba resistencia. Tara, una adolescente que se habría visto afectada por la prohibición, cuestionó la efectividad de la norma: "Prohibir las redes sociales no sería una muy buena idea, porque siempre habrá jóvenes que buscarán otras alternativas para llenar este vacío. Y serán forzosamente menos seguras y más peligrosas para ellos", analizó.
En la misma línea, defendió el rol de estas plataformas en su generación: "Pueden considerarse como una zona de confort. Prohibirles el acceso no arreglaría nada; todo lo contrario, los perjudicaría. Es verdad que pueden ser peligrosas, pero siempre hay un lado malo en la vida", subrayó.
La mirada de los padres: la falta de tiempo y la dependencia
Sin embargo, en las familias hay posiciones encontradas. Mónica, madre de la joven, lamentó el fallo del tribunal y puso el foco en la falta de productividad del consumo digital a temprana edad: "Para mí, que un menor de 10 u 11 años tenga acceso a ese tipo de conversaciones no se me hace nada productivo. Se la pasan pegados al teléfono viendo lo que hacen los demás y queriendo copiar. A esa edad hay cosas más importantes que tienen que aprender y en las que se deberían concentrar", opinó.
A su vez, reconoció la compleja dinámica familiar que alimenta el problema: "El gran desafío que tenemos como padres es que debemos salir todos los días a trabajar. Entonces, para asegurarnos de ubicarlos, nosotros mismos les damos ese medio. Lo máximo que pudimos hacer fue intentar bloquearles el acceso", admitió.
Un debate que trasciende las fronteras
La pulseada en Francia se da enmarcada en un escenario internacional de creciente tensión en torno al impacto de las grandes tecnológicas en la salud mental de niños y adolescentes.
En Estados Unidos, la compañía Meta enfrentó un juicio histórico impulsado por 29 estados que la acusaron de diseñar Instagram y Facebook de manera deliberada para generar adicción en los jóvenes. A nivel legislativo, Francia mira de cerca los pasos de Australia, que implementó la prohibición de redes sociales para menores de 16 años, aunque los resultados iniciales todavía generan dudas y debate en el plano internacional.
Fuente: RFI - Ricardo Dorado